sábado, 21 de junio de 2008

DEMIAN - Hermann Hesse




"... Todos los hombres pasan por estas dificultades. Para el hombre medio es éste el punto en que las exigencias de su propia vida entran en colisión dramática con las circunstancias, el punto en que tiene que luchar más duramente por alcanzar el camino que conduce hacia adelante. Muchos viven tal morir y renacer, que es nuestro destino, sólo en ese momento de su vida en que el mundo infantil se resquebraja y se derrumba lentamente, cuando todo lo que amamos nos abandona y, de pronto, sentimos la soledad y la frialdad mortal del universo que nos rodea. Muchos se estrellan para siempre en este escollo y permanecen toda su vida apegados dolorosamente a un pasado irrecuperable, al sueño del paraíso perdido, que es el peor y más nefasto de todos los sueños."

1 comentario:

Angelote dijo...

¿Por dónde empezar?... Y es que, en verdad lamento tener tanto por comentar, pero carecer, al mismo tiempo, de la capacidad de síntesis. Pero ahí voy...

Sobre Demian: Es sorprendente descubrir cómo en una historia tan corta, existan tantas respuestas a problemas permanentes de la Humanidad. Pero, claro, ése es el gran valor de las obras que logran hacernos recapacitar: nos muestran de forma limpia y sencilla, aquella verdad que no logramos separar para escuchar a solas, porque nuestras cabezas están ahogándose en medio del sucio mar de ruido. Ni logramos verla desde la perspectiva correcta, desde el interior, desde el alma.

“Sí eso lo sé yo; nada hay más molesto para el hombre que seguir el camino que le conduce a sí mismo”.

Eso nos dice Sinclair, el personaje narrador de la historia. Y con toda razón, porque lo que normalmente hacemos es lo opuesto: prestar atención -primero- al ruido externo, a la opinión de los demás.

Estar “estigmatizado”, ser tildado de “diferente”, es una “pena-lización” que como primates no queremos enfrentar. Pero eso es así sólo porque los viejos genes del primitivo simio que viven dentro de nosotros se rehúsan a evolucionar.

Es más fácil estar de acuerdo con los demás. Es una conducta aprendida (sabemos que funciona para evitar conflictos. Lo “sabemos” como aquellos monos “sabios” que callan, no oyen y no ven...). Asumimos posturas pasivas, nos humillamos por miedo a confrontar el inerte peso muerto de la opinión pública, por temor a la censura social. “Miedo”, miedo es la palabra clave.

“No es necesario tener miedo de nadie. Si se teme a alguien, es porque ese alguien tiene poder sobre uno. Por ejemplo, se ha cometido algo malo y otro lo sabe; entonces, esa persona tiene poder sobre ti. ¿Comprendes? ¿Está claro, no?”

Eso le dice Demian a Sinclair cuando lo libera del chantaje que sufre por parte de Kromer. Parece un conjunto de frases normales y con cierta lógica implícita. Pero se corre el riesgo de pasar rápidamente la vista por las palabras sin prestar atención. Vale la pena “interpretarlas”, tal como hace Demian al mostrarnos la otra cara de la bíblica historia de Caín.

Miedo y poder. Una combinación perfecta para entregar, rendidos, nuestra alma. El chantaje que nos ofrecen los que quieren dominarnos es ése: te callas, no ves, no oyes o te aplasto con mi puño de niño abusador... De mono alfa, de macho bravo y fuerte.

Pero no hay tal mono alfa, sólo otro monito abusado, temeroso y acomplejado que se desquita con el que puede. Recordemos que Kromer es a su vez, víctima de un padre violento y alcohólico. Cualquier abusador sólo puede abusar de aquél que le entrega el poder sumisamente.

Pero no es la violencia la respuesta, es simplemente no entregar el poder a nadie. A ningún monito abusivo: a la opinión anónima de la sociedad.

Cada vez que la opinión “no pedida” de la sociedad, del grupo, de la familia, nos afecta, es precisamente porque les hemos dado poder sobre nosotros. Es cierto que mientras más cercana es la persona que nos hiere, más daño nos hace con su “franqueza”.

Pero por esa misma regla tan simple, resulta que la opinión más cercana a nosotros mismos es la nuestra propia. ¡Y esa es la única que importa! Lo demás son habladurías.

Pero leámos de nuevo a Hesse y lo que opina Pistorius sobre el tema:

“-Hablamos demasiado. -dijo con desacostumbrada seriedad-. Las palabras ingeniosas carecen totalmente de valor. Sólo le alejan a uno de sí mismo. Y alejarse de uno mismo es pecado. Hay que saber recogerse en sí mismo por completo, como las tortugas.”

Así que la opinión que tengamos de nosotros mismos, las palabras que nos decimos en silencio son las únicas que deben importarnos. Por otro lado, Y corriendo el riesgo no romper el cascarón y de terminar cocinando un “huevo revuelto”, mezclando las distintas visiones del tema; pero sólo para reforzar la importancia del tema, coloco otra opinión interesante, de alguien que quizá también leyó “Demian”... (¿Puede ser no?).

Santiago Ramón y Cajal (premio Nobel de medicina 1906) dijo: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

Y esta tampoco es otra frase gratuita que debamos dejar olvidada por ahí, sin revisarla, porque algo de curiosidad nos debería dar, al menos. No es una simple metáfora inteligente.

Porque la palabra es una forma de energía. Tanto el sonido como su significado son, al fin de cuentas: ondas, frecuencias, vibraciones, energías que modifican la materia, interactuando con ella... (Y para ponernos al día con la Ciencia, vale la pena recordar que la “Teoría de las Cuerdas” de la Física, lo enuncia más o menos así también).

Se puede ver, en tomografías, cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral: remodelar los circuitos que les generaban estas enfermedades.

La frase de Cajal es literal, por eso es tan importante. Lo que nos hablamos a nosotros mismos moldea nuestras emociones, que son las que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera lo observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

La confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores de nuestro cerebro. La zona del cerebro donde se desarrolla el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones (zona prefrontal), está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional.

Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando. Hay que entrenar la mente. (Y por cierto, otra novedad científica: el corazón tiene cerebro. Tiene una área formada por neuronas, es decir, tiene recuerdos, guarda información, participa de la toma de decisiones tanto como el cerebro).

El miedo nos impide salir de la zona confort, tendemos a la seguridad de lo conocido. Y esa actitud nos condena, nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa falsa zona de seguridad (salir del cascarón diría Hesse a través de Demian).

«El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas.»

Pistorius también advierte a Sinclair que esos “antiguos” adoradores de Abraxas no eran tan paganos y brutos. Abraxas es una metáfora de la dualidad divina que vive en nosotros, en cada ser vivo. Es nuestra capacidad de hacer el bien o el mal.

Eso nos libera, nos muestra que no debemos debatirnos entre blanco y negro, entre malo y bueno, entre ellos y yo... Simplemente aceptarnos como lo que somos: constructores y destructores, creaciones y creadores, dioses y criaturas... Todo a la vez. ¡Somos una maravilla o una porquería! No hay paradoja, porque cada quien tiene el harto deber/derecho de escoger.

En otras palabras: nadie es culpable de lo que ocurre a los demás, nadie es responsabilidad de otros, nada es culpa de los demás. Todo radica en “mí”. Pero ahora hay que leer otra vez a Hesse, en la voz de Pistorius:

“Y es bueno tener conciencia de que en nosotros hay algo que lo sabe todo, lo quiere todo y lo hace todo mejor que nosotros”.

Además está este otro fragmento que es sumamente importante:

“-Acostumbramos a trazar límites demasiado estrechos a nuestra personalidad. Consideramos que solamente pertenece a nuestra persona lo que reconocemos como individual y diferenciador. Pero cada uno de nosotros está constituido por la totalidad del mundo; y así como llevamos en nuestro cuerpo la trayectoria de la evolución hasta el pez y aun más allá, así llevamos en el alma todo lo que desde un principio ha vivido en las almas humanas. Todos los dioses y demonios que han existido, ya sea entre los griegos, chinos o cafres, existen en nosotros como posibilidades, deseos y soluciones. Si el género humano se extinguiera con la sola excepción de un niño medianamente inteligente, sin ninguna educación, este niño volvería a descubrir el curso de todas las cosas y sabría producir de nuevo dioses, demonios, y paraísos, prohibiciones, mandamientos y Viejos y Nuevos Testamentos.”

Por eso es inútil prestar demasiada atención a la opinión de los demás. Porque en nosotros -en cada uno- está la respuesta. Así que no hay vituperio que sea tan poderoso como para hacernos perder nuestra naturaleza divina.

No es malo, ni bueno, ser feo, gordo, de una u otra raza, alto, flaco, orejón o narigudo... Todos tenemos algo de cada cosa. Demian lo dice de mejor manera:

“Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos. Lo que no está dentro de nosotros mismos no nos inquieta.”

Pero no todos son nuestros semejantes. Muchos son simples seres sin conciencia. En especial los que ofenden, los que odian, los que matan, los que hacen daño con palabras. Pero al menos, de acuerdo con Pistorius, todos tenemos la esperanza de evolucionar, de dejar de ser uno de los tres tristes monitos sabios.... (Porque... ¿Quién no ha hecho algún daño? ¡Y no seamos hipócritas por favor!)

“¿No irá usted a creer que todos esos bípedos que andan por la calle son hombres sólo porque anden derechos y lleven a sus crías nueve meses dentro de sí? Muchos de ellos son peces u ovejas, gusanos o ángeles; otros son hormigas, y otros abejas. En cada uno existen las posibilidades de ser hombre; pero sólo cuando las vislumbra, cuando aprende a hacerlas conscientes, por lo menos en parte, estas posibilidades le pertenecen.”

El libro también menciona que la Humanidad está enfrascada en una especie de violencia compulsiva (se refiera a las guerras mundiales, que en esos años, la generación de Hesse enfrentó).

Y en estos días, algo similar está ocurriendo. La Humanidad está pasando por uno de sus peores momentos en lo referente al amor propio. La Humanidad se está destruyendo a sí misma, se odia a sí misma. Y eso es lo que vemos en los insultos, en la violencia de todo tipo.

“-Las cosas que vemos -dijo Pistorius con voz apagada- son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro difícil. Caminemos.”

Por eso vuelvo a recalcar que la violencia no es el respuesta. Es el amor. Empezando por el inicio: amándonos a nosotros mismos. No nos preocupemos por los semejantes, por ahora... No es ese el camino.

Sería hipocresía que yo le tenga compasión a los demás cuando no me la tengo a mí. Que le de limosna al hombre que en el semáforo puede levantarse sobre sus manos y hacer piruetas a pesar de su falta de piernas, es vergonsozo. ¡Para él y para mí también!... Porque yo, a pesar de que si tengo las dos piernas, soy incapaz de las proezas del “mendigo”.

La verdad, debería tenerme lástima de mí. Pues como diría Nietzche en boca de Zaratustra “No soy suficientemente pobre como para dar limosnas”.

Es más ¡No tengo suficiente amor para darme a mí mismo!

No es necesario que alguien se haga responsable del problema, de la culpa. Ni la sociedad, ni la iglesia, ni la escuela, ni el hogar... Ni la toda la Humanidad en su conjunto logrará organizarse jamás para salvarse. Es imposible concertar a todo el mundo. Pero sí es muy fácil hacerlo en cada quien.

Hay que romper el cascarón. Amén.

Este mundo de violencia tiene que romperse, es una consecuencia natural de nuestros actos. ¡PERO NO HABLO DE MUERTE, HABLO DE NACIMIENTO! Y todo parto tiene sus dolores premonitorios, no seamos tan llorones.

“Por todas partes -dijo- se extienden el grupo y la manada, por ningún lado la libertad y el amor. El espíritu de corporación, desde las asociaciones estudiantiles y los coros hasta las naciones, no es más que un producto de la necesidad. Es una solidaridad por miedo, temor y falta de imaginación; en su fondo está carcomida y vieja, a punto de desintegrarse. -La solidaridad -dijo Demian- es algo hermoso. Pero lo que vemos florecer por ahí no es solidaridad. Volverá a renacer del conocimiento del individuo por los individuos y durante algún tiempo transformará el mundo. La que hoy existe no es más que espíritu gregario. Los hombres se unen porque tienen miedo los unos de los otros; los señores se asocian, los trabajadores se asocian, los sabios se asocian. ¿Y por qué tienen miedo? Sólo se tiene miedo cuando se está en disensión consigo mismo. Tienen miedo porque nunca se han reconocido a sí mismos. ¡Una sociedad de hombres que tienen miedo de lo desconocido que anida en ellos!”

El inmenso y milagroso poder de transformar el mundo está en nosotros.

“El que no tiene ningún deseo excepto su destino, ése no tiene ya semejantes, está solo en medio del universo frío que le rodea. ¿Comprende usted?, como Jesús en Getsemaní.”

No esperemos nada de los demás. Solo demos ¡Demos amor, empezando por nosotros mismos! No seamos sepulcros blanqueados. Empecemos por nosotros, del resto que se ocupen ellos. Hablémonos con buenas palabras, con estumilantes bendiciones, esculpamos nuestros cerebros y nuestra realidad también. Estamos sólos, esa es una gran ventaja. La lucha es individual.

En fin, el libro de Hesse tiene mucho para comentar. Pero lo dejaremos hasta aquí por hoy.

Gracias Lu, por el espacio para expresar-nos y CONOCER-nos también.

Hasta pronto.

Angelote