jueves 3 de diciembre de 2009

Victor Jara - El derecho de vivir en paz - Full Version

viernes 27 de noviembre de 2009





Hace años me llegó de regalo un libro de Maestros de la Literatura Rusa y dentro de éste venía la novela de Pushkin, La hija del capitán (1836). Según la referencia de mi texto, es la mejor novela del autor y trata de la rebelión campesina de Emelian Pugachov. Se conjugan admirablemente la concisión del estilo con las pasiones tormentosas que se suceden y con la evocación de un marco histórico dominado por la insurrección de los campesinos: estos desheredados a los que Pushkin contempla con simpatía.
Cada capítulo se iniciaba con una copla, un poema, una canción. El personaje, un joven militar, escribía poesía y hubo una cancioncilla, como él la denominaba, que guardé en mi memoria. La aprendí de la traducción de mi libro, la he visto diferente en otras ediciones, sin embargo, siempre conservé ésta versión que trae nostalgia de los días de amor y desamor.

En vano me empeño


en olvidar su hermosura


¡Ay! cómo me esfuerzo


en recobrar mi libertad.



Sus hermosos ojos


me miran con fijeza


afligiendo mi alma,


turbando mi paz.



Cuando sepas mi desdicha


Oh, Masha, apiádate de mí,


pon fin al cruel tormento


de estar prendado de ti.


La hija del Capitán, de Aleksandr S. Pushkin, capítulo 4, el duelo.




miércoles 25 de noviembre de 2009

Tom Waits "All the world is green"

Otra de Tom Waits: "Todo el mundo es verde". Este tema me recuerda, en sus primeros compases, al de Gilbert Becaud y su "Nathalie", eso fue lo que llamó mi atención al inicio. Posteriormente, es la historia de esta pareja que intentan, pese a los años, reencantarse e imaginar que todo es maravilloso ( o que todo el mundo es verde)

Pretend that you owe me nothing
And all the world is green
We can bring back the old days again

...And all the world is green

Pretende que no me debes nada
Y todo el mundo es verde
Podemos traer de regreso los antiguos días de nuevo
…Y todo el mundo es verde

martes 24 de noviembre de 2009

Eurythmics - I saved the world today



Escuché este tema hace algunos años, unas dos veces, y me quedé prendida de él. Lo busqué muchísimo, pero no tenía datos concretos, así es que la búsqueda se tornó difícil. En esta incansable tarea conocí a varias intérpretes, pero nada del tema hasta hoy, en que llegué a puerto...Encontré la letra traducida en un "blog" y me pareció un tema notable.



Hey hey I saved the world today
Everybodys happy now
The bad things gone away
And everybodys happy now
The good things here to stay
Please let it stay


Theres a million mouths to feed
And Ive got everything I need
Im breathing
And theres a hurting thing inside
But Ive got everything to hide
Im grieving



Hey, hoy he salvado el mundo
todo el mundo se siente feliz
ahora las malas cosas se han ido
y todo el mundo se siente feliz
todo lo bueno ha venido a quedarse
por favor, déjalo estar

Hay un millón de bocas que alimentar
y yo tengo todo lo que necesito
Estoy respirando
Hay algo dentro que duele
pero tengo tanto que ocultar
Me siento triste

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lunes 9 de noviembre de 2009

Lady Shalott II : Influencias

Llegué a la dama de Shalott, gracias a Anne de Green Gables, era uno de los poemas o romances preferidos de la pequeña pelirroja, tanto así que llegó a representarlo, con tragicómicas consecuencias. ( Léase " Una desgraciada doncella de Lirios") Y es que para mí es tan importante esta novela de Lucy Maud Montgomery, representa todo lo que algún día anhelé, además de los valores que entrega: La importancia de la naturaleza, la amistad, la superación personal, la femineidad, la pedagogía y tantos más que se me escapan. No me canso de leerlo y releerlo y de tratar de atrapar algo de ese mundo, algo de la atmósfera que rodeaba a la protagonista, la pequeña Anne Shirley.

Quizás por eso el Director, no conforme con el capítulo dedicado a este romance, dio inicio a la serie con la lectura del poema de Lord Tennyson...

Y siguiendo con La dama de Shalott, que me tiene subyugada, he aquí dos temas maravillosos, basados en el poema de Lord Tennyson. Ya colocaré la letra, por lo menos del primero, y si es posible, su traducción.



Emilie Autumn



Una desgraciada doncella de los lirios ( Cap. 28 de Anne de Tejas Verdes)


—Desde luego que tú debes ser Elaine, Ana —dijo Diana—. Yo nunca podría tener valor para flotar allí.
—Ni yo tampoco —añadió Ruby con un estremecimien­to—. No me importa flotar cuando hay dos o tres de vosotras en el bote y nos podemos sentar; entonces me gusta. Pero ya­cer y fingir que uno está muerto, no; no podría. Me moriría de miedo.
—Desde luego que sería romántico —concedió Jane An­drews— pero yo sé que no podría quedarme quieta. Levantaría la cabeza para ver dónde estaba y si no me iba demasiado lejos. Y tú sabes, Ana, que eso echaría a perder el efecto.
—Pero es tan ridículo tener una Elaine pelirroja —se quejó Ana—. No tengo miedo de flotar y me gustaría ser Elaine, pero es ridículo. Ruby debería hacer de Elaine porque es rubia y tiene una cabellera dorada larga y hermosa; Elaine «tenía su brillante cabello flotando en la corriente», ya sabes. Y era la doncella como un lirio. Ahora bien, una persona pelirroja no puede ser una doncella como un lirio.
—Tu tez es tan blanca como la de Ruby —dijo Diana ansiosa­mente— y tus cabellos mucho más oscuros que cuando te los cortaste.
—¿Oh, de verdad lo crees? —exclamó Ana, enrojeciendo de placer—. Algunas veces lo pensé pero no me atreví a preguntar a nadie por miedo de que me dijeran que no. ¿Te parece que ahora se le puede llamar castaño, Diana?
—Sí, y creo que es realmente bonito —respondió la niña, contemplando admirada los rizos cortos y sedosos que aureola­ban la cabeza de Ana, mantenidos en su lugar por una cinta y un lazo de terciopelo muy vistoso.
Se hallaban de pie sobre la margen de la laguna, más abajo de «La Cuesta del Huerto», desde donde se extendía un pequeño promontorio bordeado de abedules; en el extremo había una pe­queña plataforma de madera que entraba en el agua, para conve­niencia de pescadores y cazadores de patos. Ruby y Jane pasaban la tarde de verano con Diana, y Ana había ido a jugar con ellas.
Ana y Diana pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la laguna. Ildewild pertenecía al pasado, pues el señor Bell había cortado sin compasión en primavera el pequeño círculo de árbo­les de su campo. Ana se sentó entre los tocones y lloró, sin dejar de anotar lo romántico del hecho, pero se consoló rápidamente, ya que, después de todo, como decían Diana y ella, las niñas grandes de trece años yendo para catorce, eran demasiado mayores para diversiones tan infantiles y en los alrededores de la laguna se podían practicar deportes fascinantes. Era espléndido pescar truchas sobre el puente y las dos niñas aprendieron a bogar en el botecillo de fondo plano que tenía el señor Barry para cazar patos.
Fue idea de Ana que dramatizaran «Elaine». Estudiaron el poema de Tennyson en la escuela durante el invierno anterior, pues el secretario general de Educación lo había prescrito para el curso de inglés en las escuelas de la isla del Príncipe Eduardo. Lo analizaron, desmenuzándolo en forma tal que era un milagro que al final conservara algún significado para ellas, pero por lo menos la rubia dama lirio, Lancelot, Ginebra y el Rey Arturo habían llega­do a ser seres reales para ellas y Ana se sentía devorada por una se­creta pena por no haber nacido en Camelot. Aquellos días, decía, eran mucho más románticos que los actuales.
El plan de Ana fue apoyado con entusiasmo. Las muchachas habían descubierto que si se empujaba el bote fuera de su ama­rradero, derivaba con la corriente bajo el puente y finalmente en­callaba contra otro promontorio, sobre una curva de la laguna. Muy a menudo hicieron ese camino y nada más a propósito para jugar a «Elaine».
—Bueno, seré «Elaine» —dijo Ana, accediendo de mala gana, pues, aunque le agradaba interpretar el personaje principal, su sentido artístico exigía aptitud física para él y sus propias limita­ciones lo hacían imposible—. Ruby, tú serás el Rey Arturo, Jane
será Ginebra y Diana, Lancelot. Pero primero deben ser los her­manos y el padre. No podemos tener al viejo servidor mudo por­que no hay lugar para dos en el bote cuando una está echada. De­bemos enlutar la barca con las más fúnebres colgaduras. Ese viejo chai negro de tu madre es exactamente lo necesario, Diana. En cuanto obtuvieron el chai negro, Ana lo colocó dentro de la barca y se acostó encima, con los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho.
—Oh, parece realmente muerta —susurró nerviosamente Ruby Gillis, observando la carita blanca y quieta bajo las move­dizas sombras de los abedules—. Me da miedo. ¿Os parece que está bien jugar a esto? La señora Lynde dice que todas las repre­sentaciones son abominables.
—Ruby, no deberías hablar de la señora Lynde —dijo Ana severamente—. Eso echa a perder el efecto, porque esto pasa cientos de años antes de nacer esa señora. Jane, encárgate de esto. Es una barbaridad que Elaine hable mientras está muerta.
Jane se puso a tono con la ocasión. No había telas doradas para la mortaja, pero un viejo cubrepiano de crepé japonés ama­rillo fue excelente sustituto. Tampoco pudieron obtener un lirio blanco, pero el efecto fue más que suficiente.
—Bueno, ahora está lista —dijo Jane—. Debemos besarle la frente, y tú, Diana, decir: «Hermana, adiós para siempre», y Ruby agregar: «Adiós, dulce hermana»; ambas tan tristes como podáis. Ana, por amor de Dios, sonríe un poco. Ya sabes que Elaine «ya­cía como sonriendo». Así está mejor. Ahora, empujad la barca.
Y la barca fue empujada, rozando un sumergido pilón duran­te el proceso. Diana, Jane y Ruby sólo esperaron lo suficiente como para verla en la corriente, camino del puente, antes de cru­zar los bosques y el camino a la carrera, hasta el promontorio in­ferior, donde, como Lancelot, Ginebra y el Rey, debían esperar a la doncella de los lirios.
Durante unos pocos instantes Ana, derivando lentamente co­rriente abajo, gozó plenamente de lo romántico de la situación. Entonces ocurrió algo no muy romántico. La barca comenzó a hacer agua. Al poco rato Elaine tuvo que levantarse, apartar la mortaja de oro y las colgaduras de negro color y mirar tonta-
mente una gran grieta que cruzaba el fondo de la barca por la que el agua entraba tumultuosa. El agudo pilón del embarcadero había descompuesto la quilla de la barca. Ana no lo sabía, pero le llevó bien poco comprender que se hallaba en un momento peligroso. A ese ritmo, la barca se hundiría antes de llegar al promontorio. ¿Dónde estaban los remos? ¡Se habían quedado en el embarcadero!
Ana lanzó un grito que nadie escuchó; estaba terriblemente páli­da, pero no perdió el ánimo. Había una sola esperanza; sólo una.
—Estaba horriblemente asustada —le contó a la señora Alian al día siguiente—, y parecían años lo que tardaba la barca en lle­gar al puente, mientras el agua subía. Recé, señora Alian, con to­das mis fuerzas, pero no cerré los ojos para rezar, pues sabía que la única manera en que Dios podía salvarme era dejando flotar la barca lo suficientemente cerca de uno de los pilares del puente como para que me subiera a él. Ya sabe que los pilares son viejos troncos llenos de nudos. Lo correcto era rezar, pero debía hacer mi parte observando y bien lo sabía. Dije: «Dios amado, por fa­vor lleva la barca cerca del pilar y yo haré el resto». En tales cir­cunstancias no se puede pensar en hacer una plegaria muy flori­da. Pero la mía halló eco, pues la barca dio contra un pilar, quedando allí un momento, y yo, echándome al hombro el cubre­piano y el chai, me agarré a un providencial nudo, y allí quedé, señora Alian, aferrada al resbaladizo pilar, sin forma de subir o de bajar. Era una posición poco romántica, pero no pensé en ello en aquel momento. Uno no se pone a pensar en romanticismos cuan­do acaba de escapar de una tumba acuática. De inmediato dije una plegaria de agradecimiento, y luego dediqué toda mi atención a sostenerme con todas mis fuerzas, pues sabía que dependería probablemente de ayuda humana para volver a tierra firme.
La barca pasó el puente y, de pronto, se hundió en medio de la corriente. Ruby, Jane y Diana, que ya esperaban en el pro­montorio, la vieron desaparecer ante sus ojos y no tuvieron duda de que Ana se había hundido con ella. Durante un momento que­daron inmóviles, heladas por el terror ante la tragedia; entonces, chillando con todas las fuerzas de sus pulmones, corrieron por el bosque, sin cesar de gritar mientras cruzaban el camino real."
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The Lady of Shalott influencias




"The Lady of Shalott" John William Waterhouse - 1888.

El pintor crea una trilogía basado en el poema artúrico " La Dama de Shalott", de Tennyson. Dicho poema cuenta la historia de Elena, la dama de Shalott, que fue encerrada en una torre donde tejía noche y día. Se le había vaticinado que le aguardaba una maldición si miraba en dirección a Camelot : aunque desconocía en qué consistía la maldición, seguía tejiendo sin parar. Nadie la conocía, ya que vivía encerrada; algunos campesinos creían oírla cantar por las mañanas, al amanecer, y se referían a ella como a un hada. Su contacto con el mundo era a través de un espejo, que reflejaba la ventana, que le mostraba Camelot. En las telas que tejía se reflejaba lo que ella veía a través de ese espejo, como las aventuras de los Caballeros de la Mesa Redonda. Un día, a través del espejo, Elena vio a Lancelot y se enamoró de él. Dejó de coser y, sin poder evitarlo, miró hacia Camelot. En ese momento, el espejo se quebró, las telas salieron volando por la ventana y la maldición cayó sobre ella: bajó de la torre y cogió una barca.


La historia de la Dama de Shalott es una versión de la leyenda de Elaine de Astolat , que Thomas Malory incluye en" La muerte de Arturo". El ingenuo amor de Elaine a Lanzarote no fue correspondido. Ella murió con su corazón roto. Su cuerpo muerto (con nota de suicidio entre las manos) fue lanzada por el Támesis a Camelot. Finalmente Tennyson escribió un largo poema sobre "Lancelot y Elaine".
Sin embargo, Tennyson afirmó que no conocía la versión en Inglés de la historia en 1832, cuando escribió el primer borrador del poema. Lo tomó de una historia de principios del Renacimiento italiano "qui conta come la Damigella di Scalot morì per amore di Lancialotto de Lac". El cuerpo termina en la playa de Camelot, con una carta, y es examinado por una multitud.

Más sobre el tema "aquí"


La dama de Shalott, de Lord Tennyson


Seymour Garstin Harvey 1900


I parte




A ambos lados del río se despliegan
anchos campos de cebada y centeno,
que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;
y a través del campo se extiende el camino
que va hacia las torres de Camelot;
y la gente va y viene,
contemplando el lugar donde se balancean los lirios
alrededor de la isla de allí abajo,
la isla de Shallot.
Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,
Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan
en las olas que discurren sin cesar
por el río que rodea la isla
fluyendo hacia Camelot.
Cuatro muros grises y cuatro torres grises,
dominan un lugar rebosante de flores,
y la silenciosa isla aprisiona
a la Dama de Shallot.
Por la orilla, cubiertas por los sauces,
se deslizan las pesadas barcazas
tiradas por lentos caballos; e ignorada
navega la chalupa con revoltosa vela de seda
rasurando las aguas hacia Camelot:
pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?
¿O asomada en el marco de la ventana?
¿Acaso es conocida en todo el reino
la Dama de Shallot?
Sólo los segadores, segando temprano
entre la espesura de cebada,
escuchan un canto que resuena vivamente
desde el río transparente que serpea,
hacia las torres de Camelot:
Y a la luz de la luna, el cansado segador,
apilando los fajos en aireadas mesetas,
al escucharla, murmura: “Es el hada
Dama de Shallot”.



1899, John Byam Liston Shaw

II parte

Allí, noche y día, teje
un mágico lienzo de alegres colores.
Ha oído un susurro advirtiéndole
que una maldición caerá sobre ella
si mira hacia Camelot.
Desconoce el tipo de que maldición es,
y debido a ello teje sin parar,
sin preocuparse de nada más,
la Dama de Shallot.
Y moviéndose a través de un cristalino espejo
colgado todo el año ante ella,
aparecen las tinieblas del mundo.
Ve la cercana calzada
discurriendo hacia Camelot:
ve los arremolinados torbellinos del río,
los rudos patanes pueblerinos,
y las capas rojas de las muchachas,
provinientes de Shallot.
A veces, un grupo de alegres damiselas,
un abad deambulando,
a veces, un pastorcillo con bucles en el pelo ,
o un paje con melena y vestido carmesí,
van hacia las torres de Camelot;
Y a veces, a través del azul espejo
los caballeros vienen cabalgando en pares:
No tiene un caballero leal y franco,
la Dama de Shallot.
Pero aún gozando en tejer
en su lienzo las visiones del mágico espejo,
-cuando a menudo en las noches silenciosas
un funeral, con velas, penachos
y música, se dirigía hacia Camelot;
o cuando la luna estaba en lo alto,
y llegaban dos amantes recién casados-
“Cansada estoy de las sombras”,
dijo la Dama de Shallot.


"I am half sick of shadows, said the lady of shalott" - 1915, John William Waterhouse


III parte



A tiro de arco de su alero,
cabalgaba entre los fajos de cebada,
el sol resplandecía por entre las hojas,
y llameó en las grebas de bronce
del intrépido Lanzarote.
Un cruzado de rodillas para siempre
ante una dama en su escudo,
que resplandecía entre los dorados campos, cercanos a la remota
Shallot.
Las engarzadas bridas brillaban libres,
como las ramificaciones estelares que vemos
suspendidas en la áurea Galaxia.
Alegres resonaban los cascabeles
mientras él cabalgaba hacia Camelot:
y de su ostentoso tahalí colgaba
un poderoso clarín de plata,
y al galope su armadura repicaba,
cerca de la remota Shallot.
Bajo el azul del despejado día
brillaba la lujosa montura de cuero,
el yelmo junto con su pluma
ardían juntos en una única llama,
mientras él cabalgaba hacia Camelot.
Como suele suceder en la purpúrea noche,
bajo radiantes constelaciones,
algunos meteoros, trayendo una estela de luz gravitan sobre la
apacible Shallot.
Su frente clara y amplia resplandecía al sol;
con cascos bruñidos pisaba su caballo;
bajo el yelmo flotaban sus rizos
negros como el carbón mientras cabalgaba,
mientras cabalgaba hacia Camelot.
Desde la orilla y el río
Brilló en el cristalino espejo,
“Tirra lirra”, por el río
cantaba Sir Lancelot.
Ella dejó el lienzo, dejó el telar,
dio tres pasos por la habitación,
vio florecer el lirio en el agua,
vio la pluma y el yelmo,
y miró hacia Camelot.
La tela salió volando y ondeó en el vacío;
El espejo se quebró de lado a lado;
“la maldición cae sobre mí”, gritó
la Dama de Shallot.






















La Dama de Shalott mirando a Lancelot - 1894 John William Waterhouse


IV parte


Tensos, bajo el tormentoso viento del este,
los dorados bosques empalidecían,
la corriente gemía en la ribera,
el cielo encapotado llovía fuertemente
sobre las torres de Camelot;
Ella descendió y halló una barca
flotando junto al tronco de un sauce,
y alrededor de la proa escribió
“La Dama de Shallot”.
Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró
a la Dama de Shallot.
Yaciendo, vestida con níveas telas
ondeando sueltas a los lados
-cayendo sobre ella las ligeras hojas-
a través de los susurros nocturnos
navegó río abajo hacia Camelot:
Y yendo su proa a la deriva
entre campos y colinas de sauces,
oyeron cantar su última canción,
a la Dama de Shallot.
Escucharon una tuna, lastimera, implorante,
tanto en voz alta voz como en voz baja,
hasta que su sangre se fue helando lentamente,
y sus ojos se oscurecieron por completo,
vueltos hacia las torres de Camelot;
Y es que antes de que fuera llevada por la corriente
hacia la primera casa junto a la orilla,
murió cantando su canción,
la Dama de Shallot.
Bajo torres y balcones,
por muros de jardín y tribunas,
con brillante esbeltez pasó flotando,
entre las casas, pálida como la muerte
y silenciosa por Camelot.
A los muelles acudieron,
caballeros y burgueses, damas y lores,
y en torno a la proa su nombre leyeron,
La Dama de Shallot.
¿Quién es? ¿Y qué hace aquí?
Y junto al iluminado palacio,
cesaron los sones de vitoreo real;
y temerosos se persignaron
todos los caballeros de Camelot:
Pero Lancelot se quedó pensativo;
dijo, “Tiene un rostro hermoso;
Dios, en su bondad, la llenó de gracia,
a la Dama de Shallot”.


La dama de Shalott, 1878 John Atkinson Grimshaw.



Para ver poema en inglés y otras ilustraciones"aquí"



En Anne de Green Gables se manifiesta en el capítulo: "Una doncella del Lirio desafortunada". Una parte de ella, en el animé, aunque mezclada con la Elaine de Astolat.



lunes 2 de noviembre de 2009

Miguel Poveda - "A ciegas"

martes 13 de octubre de 2009

Elsa Lunghini



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jueves 1 de octubre de 2009

Victor Pozas Instrumental

Cuando escuché estos temas instrumentales en la novela, me impresionaron gratamente. Recordé esas películas antiguas o más aún, imágenes de pueblos del sur de mi país, donde ha quedado la huella de los extranjeros ( Frutillar, específicamente). Pero más que eso, me atrapó la historia de un amor que podría haber sido y no fue. Una historia cambiada por las circunstancias y creo que la música refleja plenamente eso: la pérdida de la inocencia, la despedida, etc.



Otro de los tema que me agradan.

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sábado 22 de agosto de 2009

Victor y Leo - Tem que ser você