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sábado, 7 de mayo de 2011

Existió una persona que podría entendernos. Pero ha muerto...


"Podría reservarme los motivos que me movieron a escribir estas páginas de confesión; pero como no tengo interés en pasar por excéntrico, diré la verdad, que de todos modos es bastante simple: pensé que podrían ser leídas por mucha gente, ya que ahora soy célebre; y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA.
"¿Por qué -se podrá preguntar alguien- apenas una débil esperanza si el manuscrito ha de ser leído por tantas personas?" Este es el género de preguntas que considero inútiles. Y no obstante hay que preverlas, porque la gente hace constantemente preguntas inútiles, preguntas que el análisis más superficial revela innecesarias. Puedo hablar hasta el cansancio ya gritos delante de una asamblea de cien mil rusos: nadie me entendería. ¿Se dan cuenta de lo que quiero decir?
..... Existió una persona que podría entenderme.
Pero fue, precisamente, la persona que maté." Fragmento El Túnel


Quise empezar con esa frase célebre de el Túnel esta entrada, aunque suene pretenciosa.La muerte de Ernesto Sabato me ha conmovido profundamente. Sus textos me han acompañado largos años, como mi Demian, de Hermann Hesse.En sus páginas me encontré tantas veces, a través de los monólogos de Martín o en las pesadillas de Alejandra y es que hay tanta humanidad en ellos. Para mí Sabato es uno de los artistas más grandes que ha concebido el mundo. No tiene muchos libros, pero como dice el vulgo: "de lo bueno, poco". Llegué a él por "Sobre héroes y tumbas" y me subyugó su capacidad creativa, su lenguaje, sus hipótesis; pero por sobre todo su conocimiento de la condición humana.Pocos libros logran captar la esencia humana como él lo consiguió.
El mirador de Alejandra...Sus paredes fueron testigos de tantos tormentos.


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viernes, 12 de noviembre de 2010

Llega a las pantallas la elegancia de "El erizo"

La elegancia del erizo: ¿Quién cree poder hacer miel sin compartir el destino de las abejas?


¿Quién cree poder hacer miel sin compartir el destino de las abejas?

Cada día me digo que mi hermana no puede hundirse más profundamente en el fango de la ignominia y, cada día, me sorprende ver que sí lo hace.
Esta tarde, después del colegio, no había nadie en casa. He cogido un poco de chocolate con avellanas de la cocina y me he ido a comérmelo al salón. Estaba bien cómoda en el sofá y mordía el chocolate reflexionando sobre mi próxima idea profunda. Pensaba que se iba a tratar de una idea profunda sobre el chocolate, o más bien sobre la forma en que uno lo muerde, con una pregunta cómo... ¿Qué es lo bueno del chocolate? ¿La sustancia en sí o la técnica del diente que lo tritura?
Pero por muy interesante que fuera esta idea, no había contado con mi hermana, que ha vuelto a casa antes de lo previsto e inmediatamente se ha puesto a amargarme la vida hablándome de Italia. Desde que ha ido a Venecia con los padres de Tibere (al hotel Danieli, nada menos), Colombe no habla de otra cosa. Para colmo de males, el sábado fueron a cenar a casa de unos amigos de los Grinpard que tienen una gran finca en la Toscana. Sólo con pronunciar la palabra « Toscaaana», arrastrando las sílabas, mi hermana se extasía, y mamá con ella. Dejad me que os diga una cosa, la Toscana no es una tierra milenaria. No existe más que para dar a personas como Colombe, mamá o los Grinpard la emoción de poseer. La « Toscaaana» les pertenece, tanto como la Cultura, el Arte y todo lo que pueda escribirse con mayúsculas.
A propósito de la Toscaaana, pues, ya me he tenido que tragar el latazo sobre los burros, el aceite de oliva, la luz del crepúsculo, la dolce vita y demás topicazos. Pero como, cada vez, me he escabullido discretamente, Colombe no ha podido comprobar el efecto que produce en mí su historia preferida. Pero, al descubrirme sentada en el sofá, se ha desquitado y me ha fastidiado la degustación del chocolate y mi futura idea profunda.
En las tierras de los amigos de los padres de Tibere hay colmenas, las suficientes para producir un quintal de miel al año. Los toscanos han contratado a un apicultor, que se encarga de hacer todo el trabajo para que ellos puedan comercializar la miel con el sello «señorío de Flibaggi». Evidentemente, no lo hacen por el dinero. Pero la miel «señorío de Flibaggi» está considerada como una de las mejores del mundo, y ello contribuye al prestigio de los propietarios (que son rentistas) porque la utilizan en grandes restaurantes grandes cocineros que actúan como si fuera algo extraordinario. ..Colombe, Tibere y los padres de Tibere tuvieron el honor de protagonizar una cata de miel como las que se hacen con los vinos, y ahora ya no hay quien calle a Colombe cuando se pone a hablar sobre la diferencia entre una miel de tomillo y una miel de romero. Pues que le aproveche. Hasta ese punto del relato, la escuchaba sin prestarle mucha atención, pensando en lo de «morder el chocolate» y me decía que si la tabarra se quedaba ahí, podía darme con un canto en los dientes. Nunca hay que esperar algo así con Colombe. De repente, ha adoptado ese aire suyo tan poco prometedor y se ha puesto a contarme las costumbres de las abejas. Al parecer, les soltaron una clase magistral completa sobre el tema, y al espíritu perturbado de Colombe le llamó particularmente la atención el capítulo dedicado a los ritos nupciales de las reinas y los zánganos. La increíble organización de la colmena, en cambio, no la impresionó demasiado, cuando yo encuentro que es apasionante, sobre todo si se piensa que esos insectos tienen un lenguaje con código que relativiza las definiciones que se pueden dar de la inteligencia verbal como específicamente humana. Pero esto no le interesa en absoluto a Colombe, y eso que no se está sacando un título de formación profesional en fontanería, sino un máster en filosofía. A ella en cambio lo que le vuelve loca de interés es la sexualidad de los bichitos de marras. Os resumo el asunto: cuando está lista, la abeja reina inicia su vuelo nupcial, perseguida por una nube de zánganos. El primero que la alcanza copula con ella y luego muere porque, después del acto, su órgano genital permanece dentro del cuerpo de la abeja. Le queda pues amputado, y eso lo mata. El segundo zángano en alcanzar a la abeja debe, para copular con ella, retirar con las patas el órgano genital del anterior y, por supuesto, después corre la misma suerte, y así hasta diez o quince zánganos, que llenan la bolsa espermática de la reina, lo que le permitirá producir, durante cuatro o cinco años, doscientos mil huevos al año. Esto es lo que me cuenta Colombe mirándome con su aire venenoso y aderezando su relato con comentarios subidos de tono de esta índole: «Sólo puede hacerlo una vez, ¿eh?, entonces, claro, con uno solo no le vale, i quiere quince!» Si yo fuera Tibere, no me gustaría demasiado que mi novia fuera contándole esta historia a todo el mundo. Porque, a ver, uno no puede evitar hacer un poco de psicología barata: cuando una chica excitada cuenta que una hembra necesita quince machos para quedarse satisfecha y que, en señal de agradecimiento, los castra y los mata. ..A la fuerza uno se hace preguntas. Colombe está convencida de que contar estas cosas hace de ella una «chica liberada nada estrecha que aborda el sexo con naturalidad». Pero se le olvida que si me cuenta esta historia sólo lo hace para escandalizarme, y que además tiene un contenido nada anodino. Primero, porque para alguien como yo que piensa que el hombre es un animal, la sexualidad no es un tema escabroso sino una cuestión científica. Me parece apasionante. y segundo, os recuerdo a todos que Colombe se lava las manos tres veces al día y chilla a la menor sospecha de pelo invisible en la ducha (siendo los pelos visibles más improbables). No sé por qué, pero me parece que esto encaja mucho con la sexualidad de las abejas reina.
Pero sobre todo, es curioso cómo interpretan los hombres la naturaleza y creen poder sustraerse a ella. Si Colombe cuenta así esta historia, es porque piensa que no le concierne. Si se mofa del patético retozar de los zánganos, es porque está convencida de no compartir su destino. Pero yo, en cambio, no veo nada chocante ni subido de tono en el vuelo nupcial de las abejas reina ni en el destino de los zánganos porque me siento profundamente semejante a todos estos animales, aunque mis costumbres difieran de las suyas. Vivir, alimentarse, reproducirse, llevar a cabo la tarea para la cual uno ha nacido y morir: no tiene ningún sentido, es cierto, pero así son las cosas. Qué arrogancia esta de los hombres que piensan que pueden forzar la naturaleza, escapar a su destino de insignificancias biológicas. ..y qué ceguera tienen también con respecto a la crueldad o la violencia de sus propias maneras de vivir, de amar, de reproducirse y de hacer la guerra a sus semejantes. ..
Yo en cambio pienso que sólo se puede hacer una cosa: dar con la tarea para la cual hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas, sin buscarle tres pies al gato y sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Sólo así tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en que venga a buscarnos la muerte. La libertad, la decisión, la voluntad, todo eso no son más que quimeras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas; pero también nosotros no somos sino pobres abejas destinadas a llevar a cabo su tarea para después morir.

martes, 9 de marzo de 2010

«Tú yaces aquí durante los largos días de verano y durante las largas noches de invierno. Dentro de muchos años, yo también descansaré junto a ti. Espero en paz a que llegue este día». Libro de las odas recopilado por Confucio.


domingo, 31 de enero de 2010


"...Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños, y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezo a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Yo sería el guardián entre el centeno"

El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

viernes, 27 de noviembre de 2009





Hace años me llegó de regalo un libro de Maestros de la Literatura Rusa y dentro de éste venía la novela de Pushkin, La hija del capitán (1836). Según la referencia de mi texto, es la mejor novela del autor y trata de la rebelión campesina de Emelian Pugachov. Se conjugan admirablemente la concisión del estilo con las pasiones tormentosas que se suceden y con la evocación de un marco histórico dominado por la insurrección de los campesinos: estos desheredados a los que Pushkin contempla con simpatía.
Cada capítulo se iniciaba con una copla, un poema, una canción. El personaje, un joven militar, escribía poesía y hubo una cancioncilla, como él la denominaba, que guardé en mi memoria. La aprendí de la traducción de mi libro, la he visto diferente en otras ediciones, sin embargo, siempre conservé ésta versión que trae nostalgia de los días de amor y desamor.

En vano me empeño


en olvidar su hermosura


¡Ay! cómo me esfuerzo


en recobrar mi libertad.



Sus hermosos ojos


me miran con fijeza


afligiendo mi alma,


turbando mi paz.



Cuando sepas mi desdicha


Oh, Masha, apiádate de mí,


pon fin al cruel tormento


de estar prendado de ti.


La hija del Capitán, de Aleksandr S. Pushkin, capítulo 4, el duelo.




lunes, 9 de noviembre de 2009

Lady Shalott II : Influencias

Llegué a la dama de Shalott, gracias a Anne de Green Gables, era uno de los poemas o romances preferidos de la pequeña pelirroja, tanto así que llegó a representarlo, con tragicómicas consecuencias. ( Léase " Una desgraciada doncella de Lirios") Y es que para mí es tan importante esta novela de Lucy Maud Montgomery, representa todo lo que algún día anhelé, además de los valores que entrega: La importancia de la naturaleza, la amistad, la superación personal, la femineidad, la pedagogía y tantos más que se me escapan. No me canso de leerlo y releerlo y de tratar de atrapar algo de ese mundo, algo de la atmósfera que rodeaba a la protagonista, la pequeña Anne Shirley.
Quizás por eso el Director, no conforme con el capítulo dedicado a este romance, dio inicio a la serie con la lectura del poema de Lord Tennyson...

Y siguiendo con La dama de Shalott, que me tiene subyugada, he aquí dos temas maravillosos, basados en el poema de Lord Tennyson. Ya colocaré la letra, por lo menos del primero, y si es posible, su traducción.



Emilie Autumn




The Lady of Shalott influencias




"The Lady of Shalott" John William Waterhouse - 1888.

El pintor crea una trilogía basado en el poema artúrico " La Dama de Shalott", de Tennyson. Dicho poema cuenta la historia de Elena, la dama de Shalott, que fue encerrada en una torre donde tejía noche y día. Se le había vaticinado que le aguardaba una maldición si miraba en dirección a Camelot : aunque desconocía en qué consistía la maldición, seguía tejiendo sin parar. Nadie la conocía, ya que vivía encerrada; algunos campesinos creían oírla cantar por las mañanas, al amanecer, y se referían a ella como a un hada. Su contacto con el mundo era a través de un espejo, que reflejaba la ventana, que le mostraba Camelot. En las telas que tejía se reflejaba lo que ella veía a través de ese espejo, como las aventuras de los Caballeros de la Mesa Redonda. Un día, a través del espejo, Elena vio a Lancelot y se enamoró de él. Dejó de coser y, sin poder evitarlo, miró hacia Camelot. En ese momento, el espejo se quebró, las telas salieron volando por la ventana y la maldición cayó sobre ella: bajó de la torre y cogió una barca.


La historia de la Dama de Shalott es una versión de la leyenda de Elaine de Astolat , que Thomas Malory incluye en" La muerte de Arturo". El ingenuo amor de Elaine a Lanzarote no fue correspondido. Ella murió con su corazón roto. Su cuerpo muerto (con nota de suicidio entre las manos) fue lanzada por el Támesis a Camelot. Finalmente Tennyson escribió un largo poema sobre "Lancelot y Elaine".
Sin embargo, Tennyson afirmó que no conocía la versión en Inglés de la historia en 1832, cuando escribió el primer borrador del poema. Lo tomó de una historia de principios del Renacimiento italiano "qui conta come la Damigella di Scalot morì per amore di Lancialotto de Lac". El cuerpo termina en la playa de Camelot, con una carta, y es examinado por una multitud.

Más sobre el tema "aquí"


La dama de Shalott, de Lord Tennyson


Seymour Garstin Harvey 1900


I parte




A ambos lados del río se despliegan
anchos campos de cebada y centeno,
que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;
y a través del campo se extiende el camino
que va hacia las torres de Camelot;
y la gente va y viene,
contemplando el lugar donde se balancean los lirios
alrededor de la isla de allí abajo,
la isla de Shallot.
Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,
Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan
en las olas que discurren sin cesar
por el río que rodea la isla
fluyendo hacia Camelot.
Cuatro muros grises y cuatro torres grises,
dominan un lugar rebosante de flores,
y la silenciosa isla aprisiona
a la Dama de Shallot.
Por la orilla, cubiertas por los sauces,
se deslizan las pesadas barcazas
tiradas por lentos caballos; e ignorada
navega la chalupa con revoltosa vela de seda
rasurando las aguas hacia Camelot:
pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?
¿O asomada en el marco de la ventana?
¿Acaso es conocida en todo el reino
la Dama de Shallot?
Sólo los segadores, segando temprano
entre la espesura de cebada,
escuchan un canto que resuena vivamente
desde el río transparente que serpea,
hacia las torres de Camelot:
Y a la luz de la luna, el cansado segador,
apilando los fajos en aireadas mesetas,
al escucharla, murmura: “Es el hada
Dama de Shallot”.



1899, John Byam Liston Shaw

II parte

Allí, noche y día, teje
un mágico lienzo de alegres colores.
Ha oído un susurro advirtiéndole
que una maldición caerá sobre ella
si mira hacia Camelot.
Desconoce el tipo de que maldición es,
y debido a ello teje sin parar,
sin preocuparse de nada más,
la Dama de Shallot.
Y moviéndose a través de un cristalino espejo
colgado todo el año ante ella,
aparecen las tinieblas del mundo.
Ve la cercana calzada
discurriendo hacia Camelot:
ve los arremolinados torbellinos del río,
los rudos patanes pueblerinos,
y las capas rojas de las muchachas,
provinientes de Shallot.
A veces, un grupo de alegres damiselas,
un abad deambulando,
a veces, un pastorcillo con bucles en el pelo ,
o un paje con melena y vestido carmesí,
van hacia las torres de Camelot;
Y a veces, a través del azul espejo
los caballeros vienen cabalgando en pares:
No tiene un caballero leal y franco,
la Dama de Shallot.
Pero aún gozando en tejer
en su lienzo las visiones del mágico espejo,
-cuando a menudo en las noches silenciosas
un funeral, con velas, penachos
y música, se dirigía hacia Camelot;
o cuando la luna estaba en lo alto,
y llegaban dos amantes recién casados-
“Cansada estoy de las sombras”,
dijo la Dama de Shallot.


"I am half sick of shadows, said the lady of shalott" - 1915, John William Waterhouse


III parte



A tiro de arco de su alero,
cabalgaba entre los fajos de cebada,
el sol resplandecía por entre las hojas,
y llameó en las grebas de bronce
del intrépido Lanzarote.
Un cruzado de rodillas para siempre
ante una dama en su escudo,
que resplandecía entre los dorados campos, cercanos a la remota
Shallot.
Las engarzadas bridas brillaban libres,
como las ramificaciones estelares que vemos
suspendidas en la áurea Galaxia.
Alegres resonaban los cascabeles
mientras él cabalgaba hacia Camelot:
y de su ostentoso tahalí colgaba
un poderoso clarín de plata,
y al galope su armadura repicaba,
cerca de la remota Shallot.
Bajo el azul del despejado día
brillaba la lujosa montura de cuero,
el yelmo junto con su pluma
ardían juntos en una única llama,
mientras él cabalgaba hacia Camelot.
Como suele suceder en la purpúrea noche,
bajo radiantes constelaciones,
algunos meteoros, trayendo una estela de luz gravitan sobre la
apacible Shallot.
Su frente clara y amplia resplandecía al sol;
con cascos bruñidos pisaba su caballo;
bajo el yelmo flotaban sus rizos
negros como el carbón mientras cabalgaba,
mientras cabalgaba hacia Camelot.
Desde la orilla y el río
Brilló en el cristalino espejo,
“Tirra lirra”, por el río
cantaba Sir Lancelot.
Ella dejó el lienzo, dejó el telar,
dio tres pasos por la habitación,
vio florecer el lirio en el agua,
vio la pluma y el yelmo,
y miró hacia Camelot.
La tela salió volando y ondeó en el vacío;
El espejo se quebró de lado a lado;
“la maldición cae sobre mí”, gritó
la Dama de Shallot.






















La Dama de Shalott mirando a Lancelot - 1894 John William Waterhouse


IV parte


Tensos, bajo el tormentoso viento del este,
los dorados bosques empalidecían,
la corriente gemía en la ribera,
el cielo encapotado llovía fuertemente
sobre las torres de Camelot;
Ella descendió y halló una barca
flotando junto al tronco de un sauce,
y alrededor de la proa escribió
“La Dama de Shallot”.
Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró
a la Dama de Shallot.
Yaciendo, vestida con níveas telas
ondeando sueltas a los lados
-cayendo sobre ella las ligeras hojas-
a través de los susurros nocturnos
navegó río abajo hacia Camelot:
Y yendo su proa a la deriva
entre campos y colinas de sauces,
oyeron cantar su última canción,
a la Dama de Shallot.
Escucharon una tuna, lastimera, implorante,
tanto en voz alta voz como en voz baja,
hasta que su sangre se fue helando lentamente,
y sus ojos se oscurecieron por completo,
vueltos hacia las torres de Camelot;
Y es que antes de que fuera llevada por la corriente
hacia la primera casa junto a la orilla,
murió cantando su canción,
la Dama de Shallot.
Bajo torres y balcones,
por muros de jardín y tribunas,
con brillante esbeltez pasó flotando,
entre las casas, pálida como la muerte
y silenciosa por Camelot.
A los muelles acudieron,
caballeros y burgueses, damas y lores,
y en torno a la proa su nombre leyeron,
La Dama de Shallot.
¿Quién es? ¿Y qué hace aquí?
Y junto al iluminado palacio,
cesaron los sones de vitoreo real;
y temerosos se persignaron
todos los caballeros de Camelot:
Pero Lancelot se quedó pensativo;
dijo, “Tiene un rostro hermoso;
Dios, en su bondad, la llenó de gracia,
a la Dama de Shallot”.


La dama de Shalott, 1878 John Atkinson Grimshaw.



Para ver poema en inglés y otras ilustraciones"aquí"



En Anne de Green Gables se manifiesta en el capítulo: "Una doncella del Lirio desafortunada". Una parte de ella, en el animé, aunque mezclada con la Elaine de Astolat.



jueves, 13 de agosto de 2009

Rima XV - Gustavo Adolfo Bécquer

Este poema estaba en un antiguo cuaderno adolescente, estaba junta a mi historia personal, lo leí y todos mis sentimientos volvieron a crecer, como ayer. Siempre me acompañaron las poesías de Bécquer y es que creo que plasmaba tan bien la esencia de las emociones. Este me llega al fondo de mi ser.

Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.


¡Tú, sombra aérea que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como un gemido
del lago azul!


En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.


¡Yo, que a tus ojos en mi agonía
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro y demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

martes, 28 de abril de 2009


Amor Mío, Si Muero Y Tú No Mueres de Pablo Neruda




Amor mío, si muero y tú no mueres,
no demos al dolor más territorio:
amor mío, si mueres y no muero,
no hay extensión como la que vivimos.





Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.





Esta pradera en que nos encontramos,
oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,





y así como no tuvo nacimiento
no tiene muerte, es como un largo río,
sólo cambia de tierras y de labios.

El amor que calla - Gabriela Mistral

Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro.

Tú lo quisieras vuelto en alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar en la muerte!

lunes, 27 de abril de 2009

Vicente Huidobro





EL PASO DEL RETORNO

A RAQUEL QUE ME DIJO
UN DÍA CUANDO Tú TE
ALEJAS UN SOLO INSTANTE,
EL TIEMPO Y YO LLORAMOS

Yo soy ese que salió hace un año de su tierra
Buscando lejanías de vida y muerte
Su propio corazón y el corazón del mundo
Cuando el viento silbaba entrañas
En un crepúsculo gigante y sin recuerdos

Guiado por mi estrella
Con el pecho vacío
Y los ojos clavados en la altura
Salí hacia mi destino

Oh mis buenos amigos
¿Me habéis reconocido?
He vivido una vida que no puede vivirse
Pero tú Poesía no me has abandonado un solo instante

Oh mis amigos aquí estoy
Vosotros sabéis acaso lo que yo era
Pero nadie sabe lo que soy
El viento me hizo viento
La sombra me hizo sombra
El horizonte me hizo horizonte preparado a todo

La tarde me hizo tarde
Y el alba me hizo alba para cantar de nuevo

Oh poeta esos tremendos ojos
Ese andar de alma de acero y de bondad de mármol
Este es aquel que llegó al final del último camino
Y que vuelve quizás con otro paso
Hago al andar el ruido de la muerte
Y si mis ojos os dicen
Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto
Ellos podrían también deciros
Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido

¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros!
La noche ha dejado noche en mis cabellos
¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

Cuando las piedras oyen mi paso
Sienten una ternura que les ensancha el alma
Se hacen señas furtivas y hablan bajo:
Allí se acerca el buen amigo
El hombre de las distancias
Que viene fatigado de tanta muerte al hombro
De tanta vida en el pecho
Y busca donde pasar la noche

Heme aquí ante vuestros limpios ojos
Heme aquí vestido de lejanías
Atrás quedaron los negros nubarrones
Los años de tinieblas en el antro olvidado
Traigo un alma lavada por el fuego
Vosotros me llamáis sin saber a quién llamáis
Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae
La imagen de la nada y un rostro que sonríe
Traigo un amor muy parecido al universo
La Poesía me despejó el camino
Ya no hay banalidades en mi vida
¿Quién guió mis pasos de modo tan certero?

Mis ojos dicen a aquellos que cayeron
Disparad contra mí vuestros dardos
Vengad en mí vuestras angustias
Vengad en mí vuestros fracasos
Yo soy invulnerable
He tomado mi sitio en el cielo como el silencio

Los siglos de la tierra me caen en los brazos
Yo soy amigos el viajero sin fin
Las alas de la enorme aventura
Batían entre inviernos y veranos
Mirad cómo suben estrellas en mi alma
Desde que he expulsado las serpientes del tiempo oscurecido

¿Cómo podremos entendernos?
Heme aquí de regreso de donde no se vuelve
Compasión de las olas y piedad de los astros
¡Cuánto tiempo perdido! Este es el hombre de las lejanías
El que daba vuelta las páginas de los muertos
Sin tiempo sin espacio sin corazón sin sangre
El que andaba de un lado para otro
Desesperado y solo en las tinieblas
Solo en el vacío
Como un perro que ladra hacia el fondo de un abismo

¡Oh vosotros! ¡Oh mis buenos amigos!
Los que habéis tocado mis manos
¿Qué habéis tocado?
Y vosotros que habéis escuchado mi voz
¿Qué habéis escuchado?
Y los que habéis contemplado mis ojos
¿Qué habéis contemplado?

Lo he perdido todo y todo lo he ganado
Y ni siquiera pido
La parte de la vida que me corresponde
Ni montañas de fuego ni mares cultivados
Es tanto más lo que he ganado que lo que he perdido
Así es el viaje al fin del mundo
Y ésta es la corona de sangre de la gran experiencia
La corona regalo de mi estrella
¿En dónde estuve en dónde estoy?

Los árboles lloran un pájaro canta inconsolable
Decid ¿quién es el muerto?
El viento me solloza
¡Qué inquietudes me has dado!
Algunas flores exclaman
¿Estás vivo aún?
¿Quién es el muerto entonces?
Las aguas gimen tristemente
¿Quién ha muerto en estas tierras?
Ahora sé lo que soy y lo que era
Conozco la distancia que va del hombre a la verdad
Conozco la palabra que aman los muertos
Este es el que ha llorado el mundo el que ha llorado resplandores

Las lágrimas se hinchan se dilatan
Y empiezan a girar sobre su eje.
Heme aquí ante vosotros
Cómo podremos entendernos Cómo saber lo que decimos
Hay tantos muertos que me llaman
Allí donde la tierra pierde su ruido
Allí donde me esperan mis queridos fantasmas
Mis queridos espectros
Miradme os amo tanto pero soy extranjero
¿Quién salió de su tierra
Sin saber el hondor de su aventura?
Al desplegar las alas
Él mismo no sabía qué vuelo era su vuelo

Vuestro tiempo y vuestro espacio
No son mi espacio ni mí tiempo
¿Quién es el extranjero? ¿Reconocéis su andar?
Es el que vuelve con un sabor de eternidad en la garganta
Con un olor de olvido en los cabellos
Con un sonar de venas misteriosas
Es este que está llorando el universo
Que sobrepasó la muerte y el rumor de la selva secreta
Soy impalpable ahora como ciertas semillas
Que el viento mismo que las lleva no las siente
Oh Poesía nuestro reino empieza

Este es aquel que durmió muchas veces
Allí donde hay que estar alerta
Donde las rocas prohíben la palabra
Allí donde se confunde la muerte con el canto del mar
Ahora vengo a saber que fui a buscar las llaves
He aquí las llaves
¿Quién las había perdido?
¿Cuánto tiempo ha que se perdieron?
Nadie encontró las llaves perdidas en el tiempo y en las brumas
¡Cuántos siglos perdidas!

Al fondo de las tumbas
Al fondo de los mares
Al fondo del murmullo de los vientos
Al fondo del silencio
He aquí los signos
¡Cuánto tiempo olvidados!
Pero entonces amigo ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde estabas? ¿En qué alturas en qué profundidades?
Andaba por la Historia del brazo con la muerte

Oh hermano, nada voy a decirte
Cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar.



De Últimos Poemas. Póstumo, 1948

Pablo Neruda

Tengo Miedo


Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño
que reflojo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía
sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

domingo, 15 de febrero de 2009

Floridor Pérez - La Victoria


La victoria

Me pusieron contra la pared, manos arriba.


Me registraron meticulosamente.

Sólo hallaron retratos con tus ojos y una antología con tus versos.

Noches sobre la piedra. Días tras la alambrada.

No saben ??? - nos decían- qué les espera.

Pero yo lo sabía: tras días piedras meses muro,

tú me esperabas a la puerta del cuartel.

Y esa fue mi victoria.

martes, 10 de febrero de 2009

Thomas Mann - La Montaña Mágica

Últimamente he estado leyendo "La Montaña Mágica" y me he sorprendido gratamente. Además estoy leyéndola, creo yo, justo en el momento preciso. Este joven Hans Castorp y su viaje a los altos para ver a un primo que está en un sanatorio, pues sufre de tuberculosis...me involucra más de lo que pienso. Debo viajar, por un nuevo empleo, no sé con qué me encontraré allá, estoy un poco temerosa al respecto. Hace años cuando hice un viaje similar, creí que era un período transitorio, pero no fue así, estuve siete años. Ahora, temo nuevamente y creo que no me acostumbraré y lo pienso como un viaje por unos meses, y de pronto encuentro las frases precisas para mí "el principio siempre es doloroso" ( de ahí que crea en los dioses y sus mensajes divinos que se manifiestan en cualquier persona, texto, película, etc)
Thomas Mann, el autor era culto, "un erudito" - versa por ahí, y aparece cada "ser", quien es presentado y va encantando a nuestro personaje. Nos llegan sus situaciones, sus diálogos - muy entretenidos por lo demás - y luego el narrador se encarga de dar la última pincelada - pero ya hemos sido tocados por él. Hans Castorp está ansioso de conocer el lugar y las personas, pero lo ve como un "recreo" de tres semanas, transcurridas éstas, piensa retornar y continuar con su vida en e instante que las dejó...Claro que mi intuición me dice que el entorno y las personas cambiarán al protagonista o le darán un nuevo giro y sentido y aquí estoy esperando que acontece...
Continúo en mi ascenso a la montaña y sigo cautivada con los personajes, sobretodo, Settembrini, cada filosofía que se desprende de él. Recientemente una línea que me ha cautivado: Hans Castorp se siente molesto con la ignorancia de una tal sra. Störh, tanto así que se siente en un "dilema" cada vez que esta mujer hace alguna observación, pues no sabe si reír o llorar. Encuentro absolutamente normal su sentimiento. Al respecto puedo decir que detesto a las personas que sólo dicen idioteces, me afiebran, a lo igual que le sucede con él. Las evito, sin embargo, la vida se ha encargado de dejarme junto a ellas más de lo que quisiera y siempre he aprendido algo mejor aún. En relación a esta situación, mi conciencia ya me había recordado otra frase, que me ayuda con mi intolerancia, en el gran Gatsby, algo así como: “ no juzgues a las personas que no han tenido las mismas oportunidades que tú ”; pese a ello me cuesta vivir con el ser humano y a ellos les cuesta vivir conmigo, si he de ser franca. En fin, Settembrini da una enseñanza profunda, él dice:
“...En pocas palabras, considero que el caso de esa mujer ridícula no pone al sentimiento humano ante un dilema, como usted decía. Está enferma y es estúpida, ¡Por Dios!, es la miseria en persona; pero eso es muy sencillo, lo único que se puede hacer es compadecerla y encogerse de hombros. El dilema, señor mío, lo trágico, comienza allí donde la naturaleza fue lo bastante cruel para romper, o impedir desde el principio, dando un alma noble y llena de ganas de vivir a un cuerpo incompatible con la vida. ¿ Conoce usted a Leopardi, ingeniero ( Hans Castorp es ingeniero naval), o usted, teniente? Fue un desgraciado poeta de mi país ( Italia), un hombre jorobado y enfermizo, un alma grande por naturaleza pero constantemente rebajada por la miseria de su cuerpo y arrastrada a los bajos fondos de la ironía...
El tullido Leopardi, señores, dense cuenta de esto, se vio sobre todo privado del amor de las mujeres, y sin duda por eso no pudo evitar que su alma se marchitase. El brillo de la fama y la virtud palidecieron, la naturaleza se tornó malvada ante sus ojos ( por otra parte, la naturaleza es realmente malvada, estúpida y malvada; en eso le doy razón) y se desesperó. Es terrible decirlo, pero perdió la fe en la ciencia y en el progreso. Y esta es la tragedia, Señor Ingeniero. Aquí tiene su "dilema para el sentimiento humano", no en esa mujer cuyo nombre no quiero ni esforzarme en recordar... No me hable de la "espiritualización" que puede resultar de la enfermedad. ¡Por el amor de Dios, no lo haga! Un alma sin cuerpo es tan inhumana y espantosa como un cuerpo sin alma. Por cierto, lo primero es una rara excepción y lo segundo es el pan nuestro de cada día. Por regla general es el cuerpo el que domina, es el cuerpo el que domina el que acapara toda la vida y se emancipa del modo más repugnante. Un hombre que lleva una vida de enfermo no es más que un cuerpo; eso es lo que va contra natura, lo humillante, pues en la mayoría de los casos tal hombre no vale mucho más que un cadáver..."
Qué profundo conocimiento de la condición humana! La eterna tragedia griega, el hombre enfrentado a la fuerza suprema de la naturaleza. Tenemos defectos que nos limitan e incluso algunos nos socavan como el caso del poeta aquél. Las personas viven enfrascadas en cultivar la superficie y se olvidan de lo esencial: el espíritu. Si la madre naturaleza nos ha negado una habilidad física, intelectual, etc. Constantemente luchamos con ello, porque estamos en el constante "soy una persona" y el menoscabo. Podemos decir algo importante, pero ahí están nuestros pares encargándose de recordarnos que tenemos un problema...y me acordé de un chiste que vi por allí...como diciéndote: "es que no va por ahí..." como aludiendo a"¿por qué eres tan negro?". He conocido gente con talento, con potencial y sin embargo, sus frustraciones son barreras en su ascenso. Nuestra mente nos entrampa, aún si hemos logrado conseguir en parte lo que anhelábamos. Nuestro aspecto prima y priva...




jueves, 5 de febrero de 2009

El extraño caso de Benjamin Button

Vi la película recientemente y concuerdo con los que dicen que es como el cuento, "Viaje a la semilla", con la diferencia que no es un "rebobinado" y que el personaje vive sus etapas con un cuerpo que no le pertenece, vale decir, es un niño, pero viejo y viceversa.
También estoy de acuerdo con el que dijo que tenía una excelente fotografía, buen maquillaje, etc. Los amaneceres del lago son de una belleza a lo igual que los movimientos de baile del personaje femenino interpretado por Cate Blanchett.
Me gustaron algunas reflexiones que se hacían y como me informé que está basado en uno de los relatos de F.S. Fitzgerald, lo busqué y lo leí y comprendí que había faltado algo en la peli y sobrado un poco. El director sólo se basó en la idea del texto del decrecimiento o involución del protagonista y construyó su propia historia.
Creo que lo valioso del la peli está en el trabajo actoral de los protagonistas y otros personajes secundarios. Representan distintas etapas de la vida de un hombre o de varios de ellos y nos convencen . Pero estoy de acuerdo en que pudo colocar más agudeza, haberlo aprovechado más.
Otro aspecto que me gustó es la música que aparece durante toda la película. Muchas referencias artísticas, visuales, auditivas y es que los lenguajes se entrecruzan para dar pie a la historia. Unos movimientos de ballet preciosos acompañados de magnífica música, etc.
Sólo como referencia, en el cuento de Fitzgerald, el personaje es un ser solo enfrentado a una sociedad incomprensiva que se deja llevar por lo que ve. Siendo bebé es anciano y se aburre de los juegos infantiles a lo que lo someten; cuando es matriculado en la Universidad se niegan a aceptarlo pues su físico no representa los 18 años que tiene y así muchos ejemplos más que hacen referencia a la tragedia del personaje, Benjamín Button, cuyo padre sí lo crió.

El extraño caso de Benjamin Button

Fue difícil vender El extraño caso de Benjamin Button (aparecido en la revista Collier el 21 de mayo de 1922). Fitzgerald le escribiría más tarde a su agente Harold Ober: « Ya seque las revistas sólo quieren mis relatos sobre chicas a la moda; los problemas que has tenido para vender Benjamin Button y Un diamante tan grande como el Ritz lo demuestran».
Benjamin Button fue su segundo relato (le había precedido The Cut-Glass BowL en 1920) de corte fantástico o superreal, un estilo en el que escribió algunos de sus cuentos más brillantes y que quizá le atraía por su tensión entre romanticismo y realismo, por el desafío que la fantasía plantea: convertir lo imposible en verosímil. Fitzgerald explicó la génesis de Benjamín Button cuando lo incluyó en sus Cuentos de la era del jazz:
«Me inspiró el cuento un comentario de Mark Twain: era una lástima que el mejor tramo de nuestra vida estuviera al principio y el peor al final. He intentado demostrar su tesis, haciendo un experimento con un hombre inserto en un ambiente absolutamente normal. Semanas después de terminar el relato, descubrí un argumento casi idéntico en los cuadernos de Samuel Butler.»

I.

Hasta 1860 lo correcto era nacer en tu propia casa. Hoy, según me dicen, los grandes dioses de la medicina han establecido que los primeros llantos del recién nacido deben ser emitidos en la atmósfera aséptica de un hospital, preferiblemente en un hospital elegante. Así que el señor y la señora Button se adelantaron cincuenta años a la moda cuando decidieron, un día de verano de 1860, que su primer hijo nacería en un hospital. Nunca sabremos si este anacronismo tuvo alguna influencia en la asombrosa historia que estoy a punto de referirles.
Les contaré lo que ocurrió, y dejaré que juzguen por sí mismos.
Los Button gozaban de una posición envidiable, tanto social como económica, en el Baltimore de antes de la guerra. Estaban emparentados con Esta o Aquella Familia, lo que, como todo sureño sabía, les daba el derecho a formar parte de la inmensa aristocracia que habitaba la Confederación. Era su primera experiencia en lo que atañe a la antigua y encantadora costumbre de tener hijos: naturalmente, el señor Button estaba nervioso. Confiaba en que fuera un niño, para poder mandarlo a la Universidad de Yale, en Connecticut, institución en la que el propio señor Button había sido conocido durante cuatro años con el apodo, más bien obvio, de Cuello Duro.
La mañana de septiembre consagrada al extraordinario acontecimiento se levantó muy nervioso a las seis, se vistió, se anudó una impecable corbata y corrió por las calles de Baltimore hasta el hospital, donde averiguaría si la oscuridad de la noche había traído en su seno una nueva vida.
A unos cien metros de la Clínica Maryland para Damas y Caballeros vio al doctor Keene, el médico de cabecera, que bajaba por la escalera principal restregándose las manos como si se las lavara —como todos los médicos están obligados a hacer, de acuerdo con los principios éticos, nunca escritos, de la profesión.
El señor Roger Button, presidente de Roger Button & Company, Ferreteros Mayoristas, echó a correr hacia el doctor Keene con mucha menos dignidad de lo que se esperaría de un caballero del Sur, hijo de aquella época pintoresca.
—Doctor Keene —llamó—. ¡Eh, doctor Keene!
El doctor lo oyó, se volvió y se paró a esperarlo, mientras una expresión extraña se iba dibujando en su severa cara de médico a medida que el señor Button se acercaba.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó el señor Button, respirando con dificultad después de su carrera—. ¿Cómo ha ido todo? ¿Cómo está mi mujer? ¿Es un niño? ¿Qué ha sido? ¿Qué...?
—Serénese —dijo el doctor Keene ásperamente. Parecía algo irritado.
—¿Ha nacido el niño? —preguntó suplicante el señor Button.
El doctor Keene frunció el entrecejo.
—Diantre, sí, supongo... en cierto modo —y volvió a lanzarle una extraña mirada al señor Button.
—¿Mi mujer está bien?
—Sí.
—¿Es niño o niña?
—¡Y dale! —gritó el doctor Keene en el colmo de su irritación—. Le ruego que lo vea usted mismo. ¡Es indignante! —la última palabra cupo casi en una sola sílaba. Luego el doctor Keene murmuró—: ¿Usted cree que un caso como éste mejorará mi reputación profesional? Otro caso así sería mi ruina... la ruina de cualquiera.
—¿Qué pasa? —preguntó el señor Button, aterrado—. ¿Trillizos?
—¡No, nada de trillizos! —respondió el doctor, cortante—. Puede ir a verlo usted mismo. Y buscarse otro médico. Yo lo traje a usted al mundo, joven, y he sido el médico de su familia durante cuarenta años, pero he terminado con usted. ¡No quiero verle ni a usted ni a nadie de su familia nunca más! ¡Adiós!
Se volvió bruscamente y, sin añadir palabra, subió a su faetón, que lo esperaba en la calzada, y se alejó muy serio.
El señor Button se quedó en la acera, estupefacto y temblando de pies a cabeza. ¿Qué horrible desgracia había ocurrido? De repente había perdido el más mínimo deseo de entrar en la Clínica Maryland para Damas y Caballeros. Pero, un instante después, haciendo un terrible esfuerzo, se obligó a subir las escaleras y cruzó la puerta principal.
Había una enfermera sentada tras una mesa en la penumbra opaca del vestíbulo. Venciendo su vergüenza, el señor Button se le acercó.
—Buenos días —saludó la enfermera, mirándolo con amabilidad.
—Buenos días. Soy... Soy el señor Button.
Una expresión de horror se adueñó del rostro de la chica, que se puso en pie de un salto y pareció a punto de salir volando del vestíbulo: se dominaba gracias a un esfuerzo ímprobo y evidente.
—Quiero ver a mi hijo —dijo el señor Button.
La enfermera lanzó un débil grito.
—¡Por supuesto! —gritó histéricamente—. Arriba. Al final de las escaleras. ¡Suba!
Le señaló la dirección con el dedo, y el señor Button, bañado en sudor frío, dio media vuelta, vacilante, y empezó a subir las escaleras. En el vestíbulo de arriba se dirigió a otra enfermera que se le acercó con una palangana en la mano.
—Soy el señor Button —consiguió articular—. Quiero ver a mi...
¡Clanc! La palangana se estrelló contra el suelo y rodó hacia las escaleras. ¡Clanc! ¡Clanc! Empezó un metódico descenso, como si participara en el terror general que había desatado aquel caballero.
—¡Quiero ver a mi hijo! —el señor Button casi gritaba. Estaba a punto de sufrir un ataque.
¡Clanc! La palangana había llegado a la planta baja. La enfermera recuperó el control de sí misma y lanzó al señor Button una mirada de auténtico desprecio.
—De acuerdo, señor Button —concedió con voz sumisa—. Muy bien. ¡Pero si usted supiera cómo estábamos todos esta mañana! ¡Es algo sencillamente indignante! Esta clínica no conservará ni sombra de su reputación después de...
—¡Rápido! —gritó el señor Button, con voz ronca—. ¡No puedo soportar más esta situación!
—Venga entonces por aquí, señor Button. Se arrastró penosamente tras ella. Al final de un largo pasillo llegaron a una sala de la que salía un coro de aullidos, una sala que, de hecho, sería conocida en el futuro como la «sala de los lloros». Entraron. Alineadas a lo largo de las pareces había media docena de cunas con ruedas, esmaltadas de blanco, cada una con una etiqueta pegada en la cabecera.
—Bueno —resopló el señor Button—. ¿Cuál es el mío?
—Aquél —dijo la enfermera.
Los ojos del señor Button siguieron la dirección que señalaba el dedo de la enfermera, y esto es lo que vieron: envuelto en una voluminosa manta blanca, casi saliéndose de la cuna, había sentado un anciano que aparentaba unos setenta años. Sus escasos cabellos eran casi blancos, y del mentón le caía una larga barba color humo que ondeaba absurdamente de acá para allá, abanicada por la brisa que entraba por la ventana. El anciano miró al señor Button con ojos desvaídos y marchitos, en los que acechaba una interrogación que no hallaba respuesta.
—¿Estoy loco? —tronó el señor Button, transformando su miedo en rabia—. ¿O la clínica quiere gastarme una broma de mal gusto?
—A nosotros no nos parece ninguna broma —replicó la enfermera severamente—. Y no sé si usted está loco o no, pero lo que es absolutamente seguro es que ése es su hijo.
El sudor frío se duplicó en la frente del señor Button. Cerró los ojos, y volvió a abrirlos, y miró. No era un error: veía a un hombre de setenta años, un recién nacido de setenta años, un recién nacido al que las piernas se le salían de la cuna en la que descansaba.
El anciano miró plácidamente al caballero y a la enfermera durante un instante, y de repente habló con voz cascada y vieja:
—¿Eres mi padre? —preguntó.
El señor Button y la enfermera se llevaron un terrible susto.
—Porque, si lo eres —prosiguió el anciano quejumbrosamente—, me gustaría que me sacaras de este sitio, o, al menos, que hicieras que me trajeran una mecedora cómoda.
—Pero, en nombre de Dios, ¿de dónde has salido? ¿Quién eres tú? —estalló el señor Button exasperado.
—No te puedo decir exactamente quién soy —replicó la voz quejumbrosa—, porque sólo hace unas cuantas horas que he nacido. Pero mi apellido es Button, no hay duda.
—¡Mientes! ¡Eres un impostor!
El anciano se volvió cansinamente hacia la enfermera.
—Bonito modo de recibir a un hijo recién nacido —se lamentó con voz débil—. Dígale que se equivoca, ¿quiere?
—Se equivoca, señor Button —dijo severamente la enfermera—. Este es su hijo. Debería asumir la situación de la mejor manera posible. Nos vemos en la obligación de pedirle que se lo lleve a casa cuanto antes: hoy, por ejemplo.
—¿A casa? —repitió el señor Button con voz incrédula.
—Sí, no podemos tenerlo aquí. No podemos, de verdad. ¿Comprende?
—Yo me alegraría mucho —se quejó el anciano—. ¡Menudo sitio! Vamos, el sitio ideal para albergar a un joven de gustos tranquilos. Con todos estos chillidos y llantos, no he podido pegar ojo. He pedido algo de comer —aquí su voz alcanzó una aguda nota de protesta— ¡y me han traído una botella de leche!
El señor Button se dejó caer en un sillón junto a su hijo y escondió la cara entre las manos.
—¡Dios mío! —murmuró, aterrorizado—. ¿Qué va a decir la gente? ¿Qué voy a hacer?
—Tiene que llevárselo a casa —insistió la enfermera—. ¡Inmediatamente!
Una imagen grotesca se materializó con tremenda nitidez ante ios ojos del hombre atormentado: una imagen de sí mismo paseando por las abarrotadas calles de la ciudad con aquella espantosa aparición renqueando a su lado.
—No puedo hacerlo, no puedo —gimió.
La gente se pararía a preguntarle, y ¿qué iba a decirles? Tendría que presentar a ese... a ese septuagenario: «Éste es mi hijo, ha nacido esta mañana temprano». Y el anciano se acurrucaría bajo la manta y seguirían su camino penosamente, pasando por delante de las tiendas atestadas y el mercado de esclavos (durante un oscuro instante, el señor Button deseó fervientemente que su hijo fuera negro), por delante de las lujosas casas de los barrios residenciales y el asilo de ancianos...
—¡Vamos! ¡Cálmese! —ordenó la enfermera.
—Mire —anunció de repente el anciano—, si cree usted que me voy a ir casa con esta manta, se equivoca de medio a medio.
—Los niños pequeños siempre llevan mantas.
Con una risa maliciosa el anciano sacó un pañal blanco.
—¡Mire! —dijo con voz temblorosa—. Mire lo que me han
preparado.
—Los niños pequeños siempre llevan eso —dijo la enfermera remilgadamente.
—Bueno —dijo el anciano—. Pues este niño no va a llevar nada puesto dentro de dos minutos. Esta manta pica. Me podrían haber dado por los menos una sábana.
—¡Déjatela! ¡Déjatela! —se apresuró a decir el señor Button. Se volvió hacia la enfermera—. ¿Qué hago?
—Vaya al centro y cómprele a su hijo algo de ropa.
La voz del anciano siguió al señor Button hasta el vestíbulo:
—Y un bastón, papá. Quiero un bastón.
El señor Button salió dando un terrible portazo.

seguir leyendo"Fitzgerald, El curioso caso de Benjamin Button"




ver video, imágenes y comentario de la película"El curioso caso de Benjamin Button"

viernes, 23 de enero de 2009

De ratones y hombres...







“Pero, Ratón, tú no eres tu camino,
En vano intentas prever:
Los planes mejor trazados de ratones y hombres
A menudo se tuercen
Y no nos dejan más que dolor y tristeza
En lugar de la esperada alegría
”.

Robert Burns

( poema que dio la idea para el título del libro “ De ratones y Hombres”, de John Steinbeck)



Alguien por ahí me comentó una escena de la película ; pues Sinise, quien interpreta a George Hamilton, tenía una voz muy particular ( ya ni recuerdo el porqué me la citaron); pero me quedó por los rincones de mi cerebro. Luego vino "Lost" ( una de mis series favoritas) en una de sus tantas menciones literarias ( tercera temporada, capítulo 4 " cada hombre por sí mismo"), añádasele a esto que lo escribió John Steinbeck, un escritor talentoso cuyo texto "Al este del Edén" dejó profundas huellas en mí. Las señales fueron demasiadas, así que lo busqué y lo leí.


Debo reconocer que cuando vi el texto me decepcionó: lo encontré muy breve, esperaba un novelón para leer durante las vacaciones. Sin embargo al ir leyendo me fue conmoviendo la profundidad del texto. Dos personajes: Lenny y George, unidos sólo por amistad. George es pequeño e inteligente y Lenny es un gigante, pero con retardo. Lenny no dimensiona la fuerza que posee, sólo desea tener en sus manos cosas suaves; pero, una vez que las tiene, su fuerza termina destruyéndolas.



Por ahí leía que desde el inicio el "fatum" de las tragedias griegas se evidencia. Los dos amigos huyen de un lugar, pues Lenny " siempre está metiéndose en líos", ha asustado con su fuerza a una muchacha y ha sido acusado de violador. Otro ingrediente a la tragedia es que está ambientada durante la crisis que sobrevino a la depresión del '29 en EE. UU. Las personas se exponen a duras faenas para conseguir un poco de alimento y abrigo. George y Lenny confían en que todo irá mejor y que podrán tener su pedazo de tierra donde cultivarán y vivirán una vida más digna. Cada noche Lenny le hace relatarle "el cuento de hadas " que lo mantiene ilusionado con la esperanza del cuidado de los conejos, los que le permitirán tocar. La mañana que llegan al rancho, George prevé que tendrán conflictos. Hay un muchacho que se jacta de su fuerza y pareciera que siempre debe estar "poniéndose a prueba"...Está recién casado con una muchacha bella y es la única mujer entre tanto hombre. George percibe la inseguridad y la estupidez de Curly ( el fanfarrón)...las cartas están echadas, podrán enfrentar esta nueva fuerza, conseguirán su granja?, podrá esta vez mantenerse lejos de los problemas, Lenny?


Acá puedes bajar el libro"De ratones y de hombres"




Más referencias sobre el libro, el autor y su obra"John Steinbeck y su obra"

Primer capítulo de la película De ratones y de hombres, protagonizada por John Malkovich y Gary Sinise.

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Lost y parte de la referencia literaria ...


sábado, 3 de enero de 2009

Bécquer


RIMAS - Gustavo Adolfo Bécquer



Te vi un punto, y flotando ante mis ojos
La imagen de tus ojos se quedó,
Como la mancha oscura, orlada en fuego,
Que flota y ciega si se mira el sol.

Adonde quiera que la vista fijo
Torno a ver tus pupilas llamear;
Mas no te encuentro a ti, que es tu mirada:
Unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro
Desasidos fantásticos lucir;
Cuando duermo los siento que se ciernen
De para en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos fatuos, que
En la noche
Llevan al caminante a perecer;
Yo me siento arrastrada por tus ojos;
Pero a donde me arrastran, no sé.


Yo me he asomado a las profundas simas
de la tierra y del cielo,
y les he visto el fin o con los ojos
o con el pensamiento.
Mas, ¡ay!, de un corazón llegué al abismo
y me incliné un momento,
y mi alma y mis ojos se turbaron.
¡Tan hondo era y tan negro!


En la clave del arco ruinoso
cuyas piedras el tiempo enrojeció,
obra de un cincel rudo campeaba
el gótico blasón.
Penacho de su yelmo de granito,
la yedra que colgaba en derredor
daba sombra al escudo en que una mano
tenía un corazón.
A contemplarle en la desierta plaza
nos paramos los dos.
Y, ése, me dijo, es el cabal emblema
de mi constante amor.
¡Ay!, y es verdad lo que me dijo entonces:
Verdad que el corazón
lo llevará en la mano..., en cualquier parte....
pero en el pecho no.




¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú a dónde va?
*¿Quieres que de ese néctar delicioso
no te amargue la hez?
Pues aspírale, acércale a tus labios
y déjale después.
¿Quieres que conservemos una dulce
memoria de este amor?
Pues amémonos hoy mucho y mañana
¡digámonos, adiós!


Entre el discorde estruendo de la orgía
acarició mi oído,
como una nota de lejana música,
el eco de un suspiro.
El eco de un suspiro que conozco,
formado de un aliento que he bebido,
perfume de una flor que oculta crece
en un claustro sombrío.
Mi adorada de un día, cariñosa,
-¿En qué piensas?, me dijo:
-En nada...-En nada, ¿y lloras?-Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino.


Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten en los ojos?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me has querido un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre... y también lloro.




Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas, ¡oh!, ¡hermosa!,
si teniendo en mis manos las tuyas
podría al oído cantártelo a solas.


Lo que el salvaje que con torpe mano
hace de un tronco a su capricho un dios
y luego ante su obra se arrodilla,
eso hicimos tu y yo.
Dimos formas reales a un fantasma,
de la mente ridícula invención,
y hecho el ídolo ya, sacrificamos
en su altar nuestro amor.



Alguna vez la encuentro por el mundo
y pasa junto a mí
y pasa sonriéndose y yo digo,
¿como puede reír?
Luego asoma a mi labio otra sonrisa,
máscara del dolor,
y entonces pienso: Acaso ella se ríe,
como me río yo


Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
y que no hay quien diga el surco
donde al polvo volverá.
Gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar
y rueda y pasa y se ignora
que playa buscando va.
Luz que en cercos temblorosos
brilla próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el ultimo será.
Eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de donde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.





Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma,
¡Y se me revelo por qué se llora!,
¡Y comprendí una vez por qué se mata!
Pasó la nube de dolor..., con pena
logré balbucear unas palabras...
y ¿qué había de hacer? Era un amigo
me había hecho un favor... Le di las gracias.





Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es.
Yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez.
¿Te ríes...? Algún día
sabrás, niña, por qué:
Tú lo sabes apenas
y yo lo sé.
Yo sé cuando tu sueñas,
y lo que en sueños ves;
como en un libro puedo lo que callas
en tu frente leer.
¿Te ríes...? Algún día
sabrás, niña, por qué:
Tú lo sabes apenas
y yo lo sé.
Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez.
Yo penetro en los senos misteriosos
de tu alma de mujer.
¿Te ríes...? Algún día
sabrás, niña, por qué:
mientras tu sientes mucho y nada sabes,
yo que no siento ya, todo lo sé.




¡Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y a su beso de lumbre
brillar las olas y encenderse el aire!
¡Qué hermoso es tras la lluvia
del triste otoño en la azulada tarde,
de las húmedas flores
el perfume beber hasta saciarse!
¡Qué hermoso es cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!
¡Qué hermoso es cuando hay sueño
dormir bien... y roncar como un sochantre...
y comer... y engordar... y qué desgracia
que esto solo no baste!




¿Cómo vive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en el mundo
junto al volcán la flor.




Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar..., andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer, probablemente
mañana como hoy.
¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
¡Amargo es el dolor pero siquiera
padecer es vivir!




¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Que es poesía!, Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.




Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso..., yo no sé
que te diera por un beso.




¿Será verdad que cuando toca el sueño
con sus dedos de rosa nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?
¿Será verdad que, huésped de las nieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?
¿Y allí desnudo de la humana forma,
allí los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?
¿Y ríe y llora y aborrece y ama
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?
Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros:
lo que sé es que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco.




Las ropas desceñidas,
desnudas las espadas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.
Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.
La vi como la imagen
que en un ensueño pasa,
como un rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.
Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia si me arrastraba.
Mas, ¡ay!, que de los ángeles
parecían decirme las miradas:
-El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa.




Cuando miro el azul horizonte
perderse a lo lejos,
al través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,
se me antoja posible arrancarme
del mísero suelo
y flotar con la niebla dorada
en átomos leves
cual ella deshecho.
Cuando miro de noche en el fondo
oscuro del cielo
las estrellas temblar como ardientes
pupilas de fuego,
se me antoja posible a do brillan
subir en un vuelo,
y anegarme en su luz, y con ellas
en lumbre encendido
fundirme en un beso.
En el mar de la duda en que bogo
ni aún sé lo que creo;
sin embargo estas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí dentro.




Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!
¡No podía ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!
¡No podía ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No podía ser!

Claudio Bertoni


PARA UNA JOVEN AMIGA QUE
INTENTÓ QUITARSE LA VIDA

me gustaría ser un nido si fueras un pajarito
me gustaría ser una bufanda si fueras un cuello y tuvieras frío
si fueras música yo sería un oído
si fueras agua yo sería un vaso
si fueras luz yo sería un ojo
si fueras pie yo sería un calcetín
si fueras el mar yo sería una playa
y si fueras todavía el mar yo sería un pez
y nadaría por ti
y si fueras el mar yo sería sal
y si yo fuera sal
tú serías una lechuga
una palta o al menos un huevo frito
y si tú fueras un huevo frito
yo sería un pedazo de pan
y si yo fuera un pedazo de pan
tú serías mantequilla o mermelada
y si tú fueras mermelada
yo sería el durazno de la mermelada
y si yo fuera un durazno
tú serías un árbol
y si tú fueras un árbol
yo sería tu savia y correría
por tus brazos como sangre
y si yo fuera sangre
viviría en tu corazón. Claudio Bertoni.




Debe ser el poema de amor más tierno que he leído y que creo que leeré.
Para tí, niña, que te gustó tanto...

viernes, 2 de enero de 2009

" El fuerte Lazo " Juana de Ibarbourou


EL FUERTE LAZO



Crecí
para ti.
Tálame. Mi acacia
implora a tus manos su golpe de gracia.

Florí
para ti.
Córtame. Mi lirio
al nacer dudaba ser flor o ser cirio.

Fluí
para ti.
Bébeme. El cristal
envidia lo claro de mi manantial.

Alas di
por ti.
Cázame. Falena,
rodeé tu llama de impaciencia llena.

Por ti sufriré.
¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!
¡Bendita sea el hacha, bendita la red,
y loadas sean tijeras y sed!

Sangre del costado
manaré, mi amado.
¿Qué broche más bello, qué joya más grata,
que por ti una llaga color escarlata?

En vez de abalorios para mis cabellos
siete espinas largas hundiré entre ellos.
Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas,
como dos rubíes, dos ascuas bermejas.

Me verás reír
viéndome sufrir.
Y tú llorarás.
Y entonces… ¡más mío que nunca serás!